El pie plano en adultos no es exactamente lo mismo que el pie plano infantil. En muchas personas adultas, el arco del pie se va aplanando de manera progresiva tras años de carga, una lesión, un aumento de peso o cambios en el tendón que sostiene el arco interno. También puede existir desde siempre y no causar ninguna molestia.
Por eso, tener el arco bajo no significa necesariamente estar enfermo. Lo que nos orienta es si hay dolor, cansancio, inflamación, pérdida de fuerza o una deformidad que avanza. Como podólogo y cirujano del pie en Barcelona, en Serven Clinics valoramos sobre todo cómo funciona el pie y no solo su apariencia.
¿Qué es el pie plano adquirido en adultos?
El pie plano adquirido en adultos es una alteración en la que el arco longitudinal interno disminuye o desaparece progresivamente. A menudo, el talón tiende a inclinarse hacia afuera y el antepié puede abrirse. En algunos casos, el paciente nota que el calzado se desgasta más por un lado o que ya no puede dar el mismo número de pasos sin molestias.

Una causa frecuente es la disfunción o tendinopatía del tendón tibial posterior. Este tendón pasa por la parte interna del tobillo y contribuye a sostener el arco y a controlar el movimiento del pie. Si se irrita, se debilita o se lesiona, el pie puede perder parte de ese soporte.
También pueden intervenir la artrosis de algunas articulaciones, lesiones antiguas, fracturas, enfermedades inflamatorias, la obesidad o factores relacionados con la edad. No todos los casos tienen una única causa. A veces, el pie plano forma parte de un conjunto de cambios que hay que analizar con calma.
Es diferente del pie plano infantil, que a menudo evoluciona durante el crecimiento. En el adulto, una aparición reciente o un empeoramiento claro merecen una exploración, sobre todo si el cambio afecta a un solo pie.
¿Cuándo el pie plano se convierte en un problema?
Un pie plano puede ser una variante anatómica sin consecuencias. En cambio, conviene consultar si tienes dolor en la cara interna del tobillo o del arco, inflamación, sensación de inestabilidad o cansancio que aparece al caminar o estar de pie. También es importante si te cuesta ponerte de puntillas con una sola pierna.
Otros signos son la desviación progresiva del talón, la pérdida del arco, el hecho de que el pie parezca más largo o ancho y la dificultad para calzarte como antes. El dolor puede aparecer en la planta, en el tobillo, en la pantorrilla o incluso en la rodilla, porque el cuerpo compensa la forma de pisar.
No es recomendable esperar indefinidamente si la deformidad avanza. Un tendón tibial posterior que funciona peor puede sobrecargar otras estructuras y hacer que el pie pierda flexibilidad. Cuando el problema se diagnostica pronto, a menudo hay más opciones de tratamiento no quirúrgico.
También hay que considerar otras causas de dolor, como una artrosis de mediopie, una lesión tendinosa o una sobrecarga plantar. El diagnóstico no debe basarse únicamente en ver el arco bajo.
¿Cómo se diagnostica y qué puede ayudar?
La valoración comienza con una entrevista y una exploración en carga y sin carga. Observamos la alineación del pie y del tobillo, la movilidad, la fuerza del tendón tibial posterior, la capacidad de ponerse de puntillas y la forma en que caminas. También revisamos el calzado y las actividades que practicas.

Un estudio de la pisada puede aportar información sobre la distribución de las presiones y el comportamiento del pie durante la marcha. Según los síntomas, puede ser necesario hacer radiografías en carga u otras pruebas para valorar huesos, articulaciones y tendones.
El tratamiento del pie plano en adultos depende de la causa y de la fase del problema. Cuando hay dolor reciente o inflamación, puede ser útil reducir temporalmente las actividades que provocan molestias, adaptar el calzado y aplicar las medidas indicadas por el especialista. El reposo absoluto no suele ser la mejor respuesta a largo plazo.
Las plantillas personalizadas pueden ayudar a dar soporte al arco, controlar parte del movimiento y repartir mejor las cargas. No son una solución universal ni tienen como objetivo “fabricar” un arco nuevo. Su diseño debe tener en cuenta la flexibilidad del pie, el dolor, el calzado y la actividad de cada persona.
La fisioterapia y los ejercicios pueden trabajar la fuerza del tendón tibial posterior, la musculatura del pie y la pantorrilla, así como el equilibrio y el control de la pierna. La progresión debe ser gradual. Si un ejercicio aumenta claramente el dolor o la inflamación, hay que revisarlo.
En situaciones concretas, el profesional puede considerar otras opciones, como una inmovilización temporal o infiltraciones ecoguiadas. No son adecuadas para todos los casos y deben indicarse tras identificar con precisión la estructura responsable de los síntomas.
Para entender mejor cómo elegir el soporte, también te puede interesar el artículo sobre cuánto duran las plantillas. La duración real depende del material, el uso, el peso, la actividad y los cambios que experimenta el pie.
¿Cuándo hay que valorar una cirugía?
La cirugía no es el primer paso en la mayoría de los pies planos de adultos con síntomas leves o moderados. Normalmente se considera cuando el dolor o la limitación persisten después de un tratamiento conservador adecuado, o cuando hay una deformidad progresiva que compromete la función del pie.
También puede ser una opción si el tendón tibial posterior está gravemente lesionado, si hay una deformidad rígida o si una articulación presenta un deterioro importante. Antes de decidir, hay que saber si el pie aún es flexible, qué articulaciones participan en el problema y cuál es el estado del hueso, los tendones y los ligamentos.
No hay una única operación para el pie plano en adultos. En algunos casos se combina una reparación o transferencia tendinosa con una corrección de la alineación del talón o del antepié. Cuando hay artrosis o rigidez, el planteamiento puede ser diferente. Por eso, hablar de “la cirugía del pie plano” sin estudiar el caso puede generar expectativas poco realistas.
La recuperación también depende de la técnica, de la calidad de los tejidos, del estado general y de la rehabilitación. El objetivo es mejorar el dolor y la función, no garantizar una forma perfecta ni eliminar cualquier molestia. Si finalmente es necesario intervenir, la planificación individual es esencial; en algunos casos se pueden utilizar técnicas de cirugía mínimamente invasiva, pero no son aplicables a todas las deformidades.
Una segunda opinión puede ser útil cuando hay dudas sobre el diagnóstico o cuando te han propuesto una intervención y quieres entender mejor las alternativas. Lo más importante es tomar la decisión con una explicación clara de los beneficios esperables, las limitaciones, los riesgos y el tiempo de recuperación.
Una valoración a tiempo puede evitar que el problema avance
El pie plano en adultos se trata cuando provoca síntomas, pérdida de función o una deformidad progresiva; no simplemente porque el arco sea bajo. Las plantillas, el calzado adecuado, los ejercicios y la modificación temporal de la actividad pueden ser suficientes en muchos casos, siempre que se indiquen según la exploración.
Si notas que el arco ha cambiado, que un tobillo se hincha a menudo o que ya no puedes caminar como antes, pide una valoración. En Serven Clinics podemos estudiar tu caso y orientarte sobre las opciones disponibles. Puedes ponerte en contacto para concertar una visita.
Más información: medlineplus.gov · foothealthfacts.org.




